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La cocina

La cocina. La cocina de Iranzu, adosada al refectorio por el este, es la más hermosa y monumental de entre las cocinas medievales de los monasterios cistercienses españoles. La de la abadía de Santa María de Huerta se le asemeja un poco, pero carece de la monumentalidad y la fortaleza de ésta. La cocina es, junto a la sala capitular, la dependencia que mejor superó la incuria de los años de abandono y, afortunadamente, se nos ha conservado con todo su encanto estético y sugerente de los tiempos del medievo.

Se entra a la cocina por una puerta ojival, de recia factura y carente de decoración. Presenta planta cuadrada con una enorme chimenea en el centro de la estancia de cuatro robustos arcos apuntados. La cubierta es de ocho tramos de bóveda de crucería cuyos nervios y fajones apoyan en ménsulas molduradas en las paredes y en las aristas de la chimenea. La estancia queda definida por cuatro naves que rodean la chimenea. Son de delicada labra de arabescos,  de modelo mudéjar posiblemente, los capiteles que constituyen las piezas más valiosas de esta dependencia. A través de un ventanuco situado en la pared oriental, se pasaba la comida al refectorio de los monjes.